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Algunas pistas para ser un mayor saludable

La esperanza de vida en España ronda actualmente los 79 años para los hombres, y los 85 para las mujeres. Según un reciente estudio de la Organización Mundial de la Salud, en 2030 se espera que dichas edades sean de 83,5 y de 88 años, respectivamente; es decir, entre tres y cuatro más. Es decir, que debemos ser conscientes de que el cuidado de nuestra salud es cada vez más importante.

Con la ventaja de que, aunque envejecer es inevitable, el espíritu no tiene edad, por lo que es posible seguir disfrutando de las cosas buenas de la vida, aunque a veces sea necesaria otra forma de hacerlo.

Ser un mayor saludable

Y es que, a medida que se envejece, hay que enfrentarse a cambios en el ritmo diario, como una mayor dificultad para realizar ciertas tareas cotidianas; pero también en el plano emocional, con la pérdida de los seres queridos o la soledad.

En este sentido, podemos diferenciar las acciones que vale la pena llevar a cabo para lograr un estilo de vida saludable –acordes a las necesidades de la edad–, según estén enfocadas al cuidado del cuerpo o de la mente.

El cerebro se comporta como lo hacen los músculos en un sentido: si no lo ejercitamos, se atrofia. Por lo que el mejor remedio para mantener la plenitud de pensamiento no es otro que activar nuestra mente.

Salirse de la «zona de confort» es el ejercicio más recomendable, obligando al cerebro a estar despierto y ser creativo al enfrentarse a nuevos retos. Así, la actividad más evidente es aprender algo nuevo, ya sea descubrir nuevas culturas, tocar un instrumento, ponerse al día con las últimas tecnologías… Como dice un proverbio chino: “El mejor momento para plantar un árbol fue hace 20 años. El segundo mejor momento es ahora”.

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Al cerebro no se le engaña

De forma más inmediata, podemos tratar de «jugársela» a nuestro cerebro variando alguna de las pequeñas rutinas que realizamos a diario, como sujetar el cepillo de dientes con la otra mano, tomar otro camino al ir a las compras, cambiarse el reloj de muñeca, etc.

Como animales de naturaleza gregaria, nuestro instinto demanda relacionarnos con otros seres humanos. Por eso la edad no debe ser un impedimento para establecer nuevos lazos. Además, conocer nuevas personas con los mismos intereses está, hoy más que nunca, al alcance de cualquiera gracias a Internet.

La familia también suele estar –por suerte– muy presente en nuestra sociedad, y representa un apoyo emocional y –por qué no– material que difícilmente se puede conseguir de otra forma.

Disfrutar de la vida consiste en eso: ser feliz y aprovechar esta nueva etapa con nuevas y agradables experiencias. Un hábito que suele perderse con la edad y las responsabilidades es la risa. Y practicarla no sólo es fácil y barato, mejora el estado de ánimo, en realidad es una función biológica necesaria para mantener el bienestar físico y mental.

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Evitar el estrés

Efectivamente, al reírnos, nuestro organismo regula la presión sanguínea y ejercita cerca de 400 músculos, además fortalece el corazón y reduce el estrés y la ansiedad por la segregación de endorfinas.

En este aspecto, evitar los factores estresantes también es una buena filosofía, no sólo afrontando las distintas situaciones con tranquilidad, también invirtiendo tiempo en actividades de relajación.

También hay que ser consciente de las propias limitaciones y capacidades, no podemos pretender llevar el mismo ritmo al realizar las tareas cotidianas, y asumirlo no solo evitará las frustraciones, sino posibles accidentes.

Si bien es cierto que hacer deporte no resulta igual con 20 años que con 60, también lo es que el ejercicio físico siempre mejora la sensación de bienestar. Ayuda a mantener unos indicadores de salud adecuados, sobre todo los relacionados con los sistemas cardiovascular y respiratorio.

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Hacer algo de ejercicio

Ahora bien, pasar de un estado sedentario a practicar deporte de buenas a primeras puede hacer más mal que bien. Siempre es necesario realizar una preparación acorde a nuestro estado actual, avalada por un médico o profesional especializado en deporte adaptado, con la que determinaremos la actividad más adecuada.

Por regla general, al comenzar a hacer deporte la frecuencia debe ser de un día de ejercicio y dos de descanso, y con baja intensidad. Progresivamente se deberá aumentar tanto la una como la otra.

Los dos aspectos más importantes a la hora de hacer un deporte son el calentamiento previo –unos cinco o diez minutos de estiramientos y marcha suave– y el control del ritmo. Mientras se realiza una actividad física hay que estar pendiente de la respuesta de nuestro cuerpo, y disminuir el esfuerzo –o incluso detenernos– si notamos alguna molestia.

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